viernes, 1 de mayo de 2009

La voz ausente

No hay vos sin dueño, dijo la voz agazapada fatalmente y a la espera. Después la voz habló para suplir lo que faltaba, lo que estaba ausente y era más que signo, significante puro, algo que no asirá jamás su latir a la palabra o será dicho para suplir la falta de palabra llena y completa. Y ya, dijo la voz, porque el dueño se apropia, ocupa un espacio y un tiempo que son suyos de sí porque es el dueño, amo, señor, poseedor fatalmente ocupante, enajenador conciente de su rol de ocupar. Y el vos que engendra el yo que habla y teme porque desea ser objetivado en una relación pronominal fundante de discursos presentes y vacíos futuros que deberá llenar. ¿Dónde quedó la espuma?, piensa la voz que enuncia que no hay vos sin dueño. Lettre en soufrance, bordea el borde de sus letras y sabe que el grafema dibuja un camino y se dibuja como sonido estallado en la voz que dice que el vos engendra un dueño y tanto, siempre tanto, dice y no se duerme si no habla para alumbrar alguna clase de verdad en la que aguarda un vos y una apropiación, porque de eso se trata: hendir todo significante para llenarlo y hacer convexas las concavidades a las que el vos alumbra y la luz de la voz anda deseando tanto, tanto. Y se anuda la voz para dejarle paso al dueño, amo que volverá con la palabra quebrada y penetrada y poseída para darle sentido a la pregunta y sentido al deseo. El saber es una falta que sólo completará el placer: no hay vos sin dueño, dice la voz y no hay esencia fuera del juego de saber que así termina el mundo, no con un estallido -T.S.- sino con un gemido.

1 comentario:

pato alberico dijo...

qué placer leer esto por Dios!!!!

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