lunes, 11 de mayo de 2009

Lianas


Ahora empieza a llover.
Siento el agua caer sobre los vidrios del patio.
Ha sido un día largo y pesaroso.
No podré soportarlo.
No era esto lo que yo quería ni siquiera decir. En absoluto.
Los platos suenan movidos por manos que no son las mías y los cubiertos se enredan detrás de los vasos.
Ayer había sol, pero tibio e inútil como las madreselvas colgadas de mi tristeza.
No puedo confiar en los mapas que se despliegan frente a mí porque todas las rutas son inexactas y conducen siempre al sitio del dolor.
Sin embargo, la tierra huele y sube su aroma desde el jardín vecino que está lleno de lianas por donde desearía volar hacia otras ventanas donde yo pudiera cantar.
Ha sido un día largo y las ramaladas de odio clavan sus dientes en mi cerebro.
Deseo gritar, que salgan las palabras de mi boca como piedras escupidas con furia al centro de esos corazones que no saben, que no supieron nunca, que jamás lo sabrán.
Con tinta verde escribiré una una larga misiva para los hombres huecos la mollera llena de paja porque no tengo esperanza de volver porque lo que es efectivo es sólo efectivo por una vez y sólo para un lugar *
En medio de la diversidad inconducente, sé que albergo un universo de delicados cristales que tintinean con el viento y se volaron todos los mapas que marcaban los accesos para llegar.
La maleta está lista y mañana sale el tren .
Mi pasaje está escrito con letras de arenas y de lluvias, pero no sabés leer.
Y era eso lo que yo quería decir.

* T.S. Elliot, "Los hombres huecos".

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