miércoles, 20 de mayo de 2009

Lindo mi corazón


Tengo rojo el corazón y me pica justo en el borde, más precisamente allí donde gira sobre sí mismo y se mira en el espejo. ¿Y qué ve? Que es un bello corazón bordeado de lentejuelas rojas que titilan como si fueran gotas como si fueran traslúcidos cristales como si fueran bocas. Y el corazón se siente con la sangre a sus anchas y exclama: "¡Oh, rojo corazón, lleno de sales, lleno de besos que se diste a arteria abierta, lleno de manos que supieron las rutas de las pieles, lleno de cinturas tan pequeñas que caben en un dedo, lleno de cuellos que navegan en nucas descubiertas, lleno de orejas que oyen los rumores secretos de los bosques donde cantan los cuerpos! ¡Oh, rojo corazón que lates que te apresuras que te enciendes que bailas que cantas que gritas que aullas que te haces pequeño y frágil! No te ha ido tan mal, pese a todos los días en la prisión de cristal del silencio, pese a todas las noches en que te lastimaron y te lastimaste a sabiendas a tontas y a locas a morir. No te ha ido tan mal..." Y ve que es un lindo corazón con pollera de tules y zapatos de raso de tacones muy altos, tanto que llega al cielo que está teñido de púrpura violento en el atardecer sin nubes y una humedad marina lo sorprende entre piedras que ruedan. Gira sobre sí mismo y vuelve al sitio donde nos divertimos juntos, mi corazón y yo, en los anchos palacios de la ternura paciente que no suelo tener, pero que ambiciono desde que voy a mordiscos por la vida.

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