viernes, 22 de mayo de 2009

Mariposas de agua dulce



Mariposas de agua dulce en medio de la noche. Ya no puedo dormir. Me rodean. Debo pensar cuántos días faltan, cuántas páginas quedan. Pensar que ahí, en Atenas, dije... sentir me dijo, entonces. Y me reí: pensar y sentir son sinónimos en mi cabeza, agregué. Habría que ver, mariposas de agua dulce con alas pequeñitas de colores. ¿Cuántas serán las mañanas en que amanezca sin haber pegado un ojo y sintiendo -¿o será pensando?- que quedan tantas otras en alas de agua dulce? Yo siento que... y la razón se vuelve una ola que envuelve con lazos de terciopelo mi cintura. Yo pienso... y tengo frío con la piel erizada de escarcha y de manos, territorios de nubes tan altos que se pegan contra el cielo. Mariposas de agua dulce en el borde de mi espalda, contra las sábanas, bajo la almohada. La columna es una larga línea que se tensa entre los finos breteles que caen como si fueran lazos desanudados y vuelan mariposas de agua dulce con alas amarillas hacia la altura del cielo desnudo. Mis cabellos son hilos de luz en la alborada, red de caramelo donde vuelan las mariposas que yo siento en el agua dulce de la mañana.

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