jueves, 28 de mayo de 2009

Sustancia líquida

Querido mío:
Somos sustancia líquida con pequeños fragmentos sólidos en suspensión: algunos luminosos, otros refractarios, los más de una opacidad que atormenta. Nos lleva una vida forjar el recipiente que nos contenga. A veces creemos haber alcanzado esa forma, nos estalla en las manos y nos quedamos con los pedazos y flotando en la nada. Deseamos ser nadie, pero eso sólo lo alcanzó Odiseo, simplemente, porque él sabía -de memoria y hasta el hartazgo- quién era. La tarea nos consume la vida y más aún porque siempre quedan esas gotas perdidas. Creemos a pie juntillas en la imposibilidad, en la desesperación, en la agonía, en la noche tenebrosa del silencio donde flotamos líquidos y perdidos de nosotros mismos. Pero deberías saber que los fragmentos, al rozarse, producen sonidos diminutos que parecen campanas, cristales, estrellas en caída al vacío del cosmos, piedras rodando en las laderas de las montañas, agua y torrentes. No importa tanto el vaso sino que oigas esa música, que te demores unos segundos para escuchar lo que te suena adentro: tu luz, la reflexión y esa opacidad que aborrecés, suenan al tocarse y ese sonido es sólo tuyo. Los de afuera, siempre, querido mío, los de afuera son de palo.

1 comentario:

Lululi dijo...

Tiemblo con lo que escribís. No sé por qué...

Te adoro y te extraño. Me falta tu inspiración.

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