miércoles, 20 de mayo de 2009

Volar en agua


Puerto Madryn, 2008
Aguas. Por todas partes aguas. Azules, añiles, índigo profundo, turquesa claro. Los brazos se despliegan como alas y remonto los surcos tráslucidos que bajan de las montañas. Recuerdo aquel día en Mendoza: caía los torrentes primaverales por la piedra mojada y bebí a boca llena sin saber cuánta agua caía: mojada por todas partes y riendo. Soy un pez púrpura y plateado nadando corriente arriba para llegar a la fuente, al sitio donde manan las aguas cristalinas como un cubo de hielo. El agua sabe a sal, a roca que está allí desde siempre, a burbuja de tiempo. Y volar, sumergida, emergida, flotante, hundida por debajo de la espuma. Los brazos como alas. Volar en agua: no pez, no pájaro, no humana...huesos como rompecabezas blancos y húmedos que se despliegan. Volar en aire azul. Limpia mañana de miércoles. ¡Llego tan lejos que no me alcanzan las tormentas! Sólo una lluvia mansa con torbellinos de brisa y perfume de yodo en los huecos de mi cuerpo delgado. Sabe a milagro la madrugada y vuelvo. Siempre vuelvo a posarme en las aguas.

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