Voracidad

Lo dije en la última sesión de terapia: no quiero ser una piedra que hace sapitos, rozando apenas las cosas para saltar. Tengo un hambre voraz de vivir y escapo a cada sentencia de desahucio que ha pronunciado para mí la voz materna y familiar. Tengo una increíble voluntad de desmentirla y entregarme a la bacanal del sol y los líquidos. Me fundan los excesos de las palabras, el fundamentalismo del lenguaje a ultranza, la magnitud violenta del abrazo y los besos, la lentitud de las pieles expuestas y la hondonada de la cintura frágil. Quiero alcanzar en una única sumergida la profundidad azul de mis aguas.

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