jueves, 11 de junio de 2009

El hilo cortado

Todo se hila y se deshila como una larga madeja en un huso. De vez en cuando alguien toma la tijera y corta la lana. Y el hilo pende del aire como un fleco suelto. Todo es el hilo que cuelga y nada más. De pie, mirando por el vidrio, intento comprender cómo es que suceden estas cosas; pero mis bocas -las que hablan y las que callan- se oponen, confusas, a sí mismas y no termino de entender qué me quieren decir. Y el hilo flota cortado mientras la brisa lo sacude con levedad. Tengo la frente apoyada en la ventana fría y la calle pasa veloz por afuera. Yo permanezco, como siempre, a la espera de que todo encuentre su lugar. Pero el sitio rota despedido en el aire que lo destroza. Nunca vas a saberlo. Descuida, cariño, yo sé callar. Y vas diluído en la memoria de mis rastros como un hilo que flota desesperado por anudarse al cabo de donde fue arrancado por la tijera de mango azul. En definitiva, creo que no tengo nada para decir y mucho para hacer. Ok, empezá ya a desplazarte hacia el silencio: sólo espero una postal cada 30 de julio. Desde Marsella, juro que yo te la enviaré.

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