martes, 2 de junio de 2009

Infinito

El tiempo ha dejado de existir porque perdió la carne sucesiva que lo alimenta.
Y se mezclan los hechos como si hoy fuera ayer y mañana, un día remontado hace mil siglos.
Se abren las bocas y laten los corazones sacudidos con emoción idéntica.
¿Cuántos días tuvimos?, me pregunto y la pregunta cae porque fue siempre.
Decís, te quise desde hace mil años y los días son una medida disuelta que ya no sirve que ya no alcanza que ya no basta.
La vida, que es discontinua y fragmentada, se torna -por momentos- superficie espejada hacia el infinito y, sobre ella, se puede danzar.


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