lunes, 29 de junio de 2009

Los libros


A veces el mundo se torna una amenaza y golpea mi frágil cuerpo. Entonces ellos abren sus páginas para ampararme con sus lomos de madre y me dan un reparo contra el dolor, contra la angustia, contra el silencio, contra los vientos que me arrasan de repente. Ellos me dan palabras, calman las aguas temblorosas de mi alma, susurran los historias que no inquietan, me muestran otros que temen lo que deseo y me enseñan. Siempre me aguardan como talismanes inequívocos que esperan que mis ojos los recorran en busca de los conjuros que me hagan olvidar lo erizado en lo aquietado, lo punzante en lo lisísimo, lo sombrío en la luz de las letras. Mientras yo leo son otros quienes sufren, son otros quienes gritan, son otros quienes mueren. Y los demás, los que están afuera de los libros, los que van por la vida lejos de mí, los que no están adentro de mi cuerpo, los que no me poseen, los que son ajenos a mi corazón y mi mente, no penetran en la muralla que ellos construyen para rodearme y dejarme flotar lamiendo con sus letras mis heridas.

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