Los puentes del Sena


Un vestido verde y turquesa, con breteles finitos en mis hombros desnudos y yo, apoyada en algún puente del Sena, viendo la mañana del domingo cinco de julio con la cintura apretada contra la baranda y nada más que el sol como un fuego en mi piel que, a esa altura, aún estará blanca. Las circunstancias se habrán disuelto en el aire estival y sólo seré un corazón que late acelerado y vivo. Nada más.

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