domingo, 7 de junio de 2009

Otro amanecer

Por el aire, como cuerdas de luz, se mueven los hilos sorprendentes del destino y tejen una red que sostiene mi tibio corazón abultado de sangre con piedras de colores que giran brillando bajo el sol. La frase se hace larga, se pausa, se hincha de peces, de ramas, de pequeñas estrellas y me dejo caer, convencida de que floto como una mariposa en medio de la oscuridad. Huele a menta imperceptible y a pétalos de anémonas submarinas y a tinta negra mientras en ramalazos el agua inunda mi cerebro que se empecina cada día en nacer. Alargo mis piernas como cintas en la nada, arqueo mi columna como una larga serpiente de marfil que se anuda a mi cintura pequeña y trepa por mi cuello hasta morir en mi nuca llena de serpentinas. Veo la luna por la ventana abierta de mi cuarto y los gatos que gritan en el filo de la medianera su canto de jardín. Salgo descalza al suelo frío de la terraza y empiezo a comprender: se acerca el tiempo de la felicidad.

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