lunes, 1 de junio de 2009

Pactos

El amor -eso que vos y yo llamanos el amor- se interpone con mucha facilidad en su propio camino y nos hace tropezar con nosotros mismos y nuestras flaquezas. Cuando la ternura nos falla, como siempre, recurrimos a la ferocidad y quedan las carnes desgarradas y rotas. Sólo te pedí que me dieras una palabra insumergible para que yo me mantuviera a flote y pudiera nadar hasta la orilla. Pero vos te empeñás en jugar una partida suicida en la que no sólo morís vos: yo ya no puedo flotar más y el agua me llena los pulmones. Sólo te dije que me dieras un día, un único y jodido día, pero después de ese día habré cambiado una docena de veces en medio de la lluvia. Cada día hay menos que tomar. Tus brazos eran los únicos que me podían mantener unida en medio de todos los jirones del dolor y cuando quise darme cuenta nuestro amor era una lona de playa extendida sobre arenas movedizas. La paz pactada fue tan frágil que no pudo resistir.

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