martes, 9 de junio de 2009

Perder la memoria

Cuando pasan los minutos y van cargados de segundos que explotan como párpados abiertos
Cuando pasan las horas y son planicies donde asoman los restos del naufragio que nunca fue
Cuando pasan los días y se suma su delgada silueta y afuera llueve
Cuando pasan semanas meses temporadas y años
y todo queda dibujado en un mapa que nadie lee
ha sido en vano decir lo que dijimos
hacer lo que no hicimos
pensar lo que pensamos.
Yo ya no quiero la agonía del tiempo que es relativa sombra que se traga a sí misma
Yo ya no quiero los platos vacíos de la madrugada porque duermo como si fuera adentro el frío
Yo ya no quiero las voces que se anudan a mis tobillos para atarme mientras detrás de los cristales crece la madrugada
Yo ya no quiero que nadie exclame piedra libre y permanezca detrás de una columna sin salir
Quiero ser vista con los ojos alertas a la luz que se abre
Quiero que el tiempo sea una cinta de niebla liviana con moléculas de agua suspendidas en el hilo del aire que respiro y me inunda
Quiero ser liviana ingrávida y dormir con las alas plegadas en el hueco de una mano tibia que me ampare debajo de la lluvia
Deshago los nudos que me anudan la cadera al borde de la palabras porque no hay nada que deba ser dicho cuando ya murieron de pie las perfectas palabras que se prenden a la boca que desea besar sin verbos que se incendien.
Nada se sabe nunca -sólo los ritos que se inauguran otra vez cada vez-
Yo tenderé un mantel en el filo de los segundos
y olerá la mañana a ternura y a risa mientras quedan las páginas escritas perdidas en una vuelta del sendero
No es sabiduría sino prudencia
El calendario se gasta de pasarlo: llega el verano y pierdo la memoria, como siempre.

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