sábado, 20 de junio de 2009

Pompa azul


Trato de volver a domir y me sumerjo en una pompa azul que me envuelve y me aleja del suelo bajo mis pies. Alrededor no hay nada exacto: sólo un fluir de sensaciones que no puedo catalogar. Aéreos huesos me sostienen en un fluir sin principio ni fin. Una corriente de agua fresca y salada mana desde algún sitio ignoto y me arrastra hasta cierta clase de orilla donde debería hacer pie. Nado en torrentes de luz mágica y pura y me deslizo como si fuera espuma de jabón tornasolada. Hay un calor solar, primaveral y, en medio, cae la lluvia como un sonoro mimbraveral. No atino a comprender, porque la sangre cae como torrente precipitado desde mi nuca y se desliza roja como uvas desprendidas del ramo por la línea curva de mi espalda. Debería detenerme a pensar, a observar cuánto pesan las cosas, cuál es su extraña estructura molecular; pero me invanden sustancias que huelen a profundísimo mar y tempestad. Y fue tan sólo un poco de champagne para brindar por los viajes, por los nombramientos, por la felicidad.

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