lunes, 29 de junio de 2009

Un trago hoy

Voy a tomarme un trago -uno rojo, rojísimo y profundo- en una copa de borde liso y tallo fino. Después voy a volver sobre mis pasos, es decir, hacia adelante y voy a pensar que no me importa nada, que no me importa nada más, que todo ya ha pasado y voy hacia el encuentro de lo que grita en el límite de mi memoria. Cuando te encuentre ahí, vas a decirme quién era yo entonces y cómo vine a esta que es tan parecida y sin embargo no lo es. Me vas a mirar, apretarás mi cintura con tu mano izquierda y dejarás caer tu mano derecha desde mi nuca para rozarme la espalda que quedará desnuda. Después, mientras me estás besando, me dirás qué debo hacer. Yo fingiré oírte, pero sólo voy a prestar atención a las voces que me nacen en medio del pecho como si fueran girasoles ardiendo en el viento caliente del verano. Caeremos enlazados en un suelo de hierba y crecerán enredaderas en nuestros poros húmedos hasta taparnos. Debajo de las hojas me escucharás reír como sólo me río después que bebo y la distancia se disuelve como arena en el agua. Entonces te hablaré para que vayas conociendo el color que tiene mi deseo y la textura perfumada de mis recuerdos inexistentes. Es sólo hoy -siempre - porque, deberías saber, siempre es hoy.

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