miércoles, 15 de junio de 2005

Una chica al rojo vivo



No me lo prohibas: ya sabés que todo en mí huele a espíritu adolescente. Basta que digas no, para que yo sólo conteste sí. Así que ya puse en mi maleta las sandalias de tacos imposibles, el vestido que se pega a mi piel y deja completa mi espalda descubierta, las largas medias de seda para enfundar mis piernas en las extensas noches de verano. No digas nada más porque abro las infinitas cajas donde guardo la lencería, las presillas, los ojales y pequeños botones, los lazos diminutos y las vuelco de lleno en el fondo sin fin de mi valija. Ya lo sabés: un perfume de veneno oscuro y denso cuajado en mis cabellos y mis ojos luminosos como anocheceres de niebla en la orilla de un río. Y cuando ya no puedas resistirlo, cuando quieras regresar a hundirte en mis brazos, a anudar mi cintura estaré lejos tan lejos subida a mis tacos imposibles, en mi vestido de espalda descubierta, meciendo mis piernas en sus medias de seda y muriéndome de risa mientras cae la lluvia en mis cabellos de sirena despierta.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Nena, nena, nena...los tacones y las medias te los he visto en alguna reunión que nos tocó compartir; el vestido de la espalda descubierta me falta; pero te creo bien capaz. Lo peor: debe quedarte fantástico. Sí, poné todo en tu valija que lo vas a pasar genial. Y mandá foto para los que nos quedamos acá.
Dani L.

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