sábado, 8 de agosto de 2009

Baños


Baños árabes
Jerez de la Frontera
Julio 2009

El sol entra por las estrellas del techo de la casa de baños y se hace figura en el piso de mosaicos. Hace un calor espeso en medio de los muros frescos donde los cuerpos se desnudan y cae el agua fría para mitigar tanto verano. A lo lejos se oye el rodar de las fuentes entre los árboles nudosos y las matas floridas de color encarnado. Los cabellos perfumados se destrenzan como si fueran redes soltadas a la mar en busca de peces azulados entre muslos marinos y especiados. Huele a romero la mañana, a azahar profundo, mientras debajo de la estrella de sol que cae desde el cielo de barro yo escribo con la paciencia de un buen caligrafista. Afuera se deshacen las catedrales, las monjas que cantan el odio de la raza, el tiempo y hasta esa memoria que es tuya y yo no tengo. Mi cuerpo es una clara superficie de tinta en la que se orean, mezcladas, las sangres de una España que no existe. Alfonso X me susurra al oído cuando mi cuerpo, breve y delgado como una letra, se sumerge en las aguas brotadas en estrellas matinales desde los cielorrasos: debo aprender ya tantas cosas nuevas que me dejo estar en la quietud líquida que me circunda y se estremece cuando hundo apenas un poco mi cintura de niebla, de olivo, de ciruelos e higos. En los baños árabes de esta tierra soy Raquel, la que huyó a hablar sefardí en otras tierras; soy Elvira, la que cruzó cada puerta cubierta por un velo de sombra, y soy María, la que un buen día vio la tierra de América y era verde y perfecta como una uva nueva. El día se espirala y salgo a la hora en que suenan las campanas del pueblo. Tengo un alma nueva: lavada y perfumada con espliego. Camino erguida porque me he sumergido en el cuenco donde mi baño corre hacia la alcantarilla y se muere en el río. Tengo los pies todavía desnudos y camino con ellos sobre piedras calientes. Sólo escribo en el agua. Vos leerás, del otro lado del océano, la historia de este amor bajo un cielo de barro y escribirás con tu letra perfecta cuánto extrañás mi corazón guardado entre tus palmas.

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