martes, 25 de agosto de 2009

Chispa

Domingo a la tarde y toqué tu dolor: álgido, oscuro, macerado en fórmulas y frustraciones antiguas. Saltó como una chispa y me rozó. Yo la tomé y la mojé con mis lágrimas, con mi deseo de que no te observaras fragmentado, de que te vieras entero, de que pensaras que además de la estructura de los anticuerpos, está tu cuerpo que respira y en el centro tu alma luminosa que respira a la par, que me envuelve, que me mece en tus brazos sin dejarme salir. Lo importante no es sentir el óxido antiguo en los engranajes sino que ver esas ruedas están, se mueven, se deslizan con ruido...sólo el silencio es igual a la muerte. Los murmullos, por mínimos y lentos que sean, son la vida que late, que se resiste, que se enriquece siempre con todo lo que hay para regarla. En medio de la nada está la nada, no está el vacío porque los huecos siempre están para ser llenados: poco a poco, rápidamente, como fuere. En tus ojos se sacude la chispa de tu peor dolor y sobre ella sos capaz de levantar una ciudad.

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