sábado, 22 de agosto de 2009

Diferencias

Anoche, mientras tomábamos sopa de zapallo y nos reíamos de resfríos y toses compartidas, él me preguntaba cuánto tardaba yo en escribir un texto. La respuesta se suspendió porque llamó un Ministro de la Nación y él se puso a hablar en un idioma que yo no podía comprender aunque era español. Mientras esto sucedía pensé en los alumnos preguntando cuántas hojas tiene un libro que deben leer casi casi para el día anterior. Las medidas de los eventos son contingentes y personales: jamás cuento las páginas de un libro ni miro el reloj cuando me siento a escribir. En cuanto él cortó (no sin antes recomendarle al señor Ministro que se fuera a descansar) dijo que serían veinte minutos no más y que no entendía cómo hacía porque a él le llevaba mucho más. Yo intenté explicar algo así como el hábito, la costumbre, el escribir desde siempre y para siempre. Y él dijo que no, que no creía que fuera así. Y me preguntó también si siempre me levantaba tan rápido y de tan buen humor. Yo pensé que sí: que jamás permanezco en la cama ni vuelvo a dormirme ni se me da el mal humor matinal. Después estuvimos hasta la madrugada y se fue porque hoy viajaba a Brasil para dar una conferencia y yo debo trabajar en mis papeles, libros y alumnos. Ahora es el día siguiente y pienso en su curiosidad -precisamente la de él-: debe haber algo en mí de síntesis, de inmediatez entre la sensación y su verbalización...a veces me asusta ser así: temo que tras tanta eficacia lingüística haya un vacío que lleno de palabras, un abismo en el que me aterra desaparecer, un exceso que no se detiene y debo correr seis pasos más allá para que no me alcance. Desearía poder ser verdaderamente distante, silenciosa, liviana y breve. Ser apenas una ola que riza el tiempo de la existencia y pasa sin que nadie repare que está ahí.

Y tardé seis minutos. Ni uno más.

2 comentarios:

Agust dijo...

Todo en vos es tan auténtico, tan honesto.. tan fresco.

Llego a pensar que si no escribieses, serías definitivamente neurótica.

Es ciego de alma el que no ve tu catarsis.

Thaís GDS dijo...

Si fueras esa que desearias ser, creo que a varios nos dejarías un vacío enorme... Te quiero

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