miércoles, 19 de agosto de 2009

Él lee a Gelman

En un bar de Medrano y Humahuaca, él lee a Gelman. Las palabras que yo deseé para él lo sumergen y lo aislan en un bar de un barrio de Buenos Aires. Seguramente antes estuvo dedicado a temas más exactos, cercanos a moléculas y genes, y ahora se detiene a leer al Gelman que yo compré para que fuera sólo suyo desde mí para él. Y las palabras de Gelman, que requieren de bares, de calles, de ternuras insólitas, de hombres y mujeres sumergidos en huevos de dulzura y de luz, lo llevan a otros sitios que él posee en su corazón y desde esos lugares bañados por su risa , él me escribe sobre su día desarreglado en el que amanecimos con la vida deshaciéndose y haciéndose a la vez. Y en el colectivo que me lleva por la ciudad yo también leo que "estoy hablando de cuando vi tu alma/ y la alegría entró en mí como un desconocido/ y mi alma agradecida tuvo extraños primores/". Y lo siento de pronto junto a mí, enlazándome con su abrazo infinito para que yo pueda cantar sin dejar de besar su boca que ha comenzado a besarme con sílabas mojadas esta vez.

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