lunes, 17 de agosto de 2009

Entre tus cosas


Ella abrió su ropero y él, desde el sitio en que estaba, vio, colgada en fila, toda la ropa y deseó saber los secretos de su roce en la piel dorada, el acento marcado de su aroma, la sensación precisa de deslizarse por su cuello, ser su jabón, limpiarla, esperarla en secreto en medio de la penumbra, lazos en los cajones y presillas contra su espalda clara, ser cada mañana el elegido para bordear su cuerpo, absorber el cristal transparente de su sudor y el latido apurado de sus venas y arterias. La vio a contraluz y la tela caía como si fuera un vaso en el que se derrama níquel y cuentas de colores derretidas y quiso estar para siempre entre sus cosas.

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