viernes, 14 de agosto de 2009

Fin de semana largo

En mi casa andan los pájaros cantando y unas diminutas mariposas amarillas se pasean por la terraza en vuelo breve. Por ahí ha enloquecido el ciruelo y despunta en botones blancos que no saben aún que no serán jamás ciruelas. La canilla gotea al paso de las horas y yo hablo, hablo y hablo: de sujetos enunciativos, de verbos y pronombres, de teorías narrativas y del vacío del tiempo que no hace más que pasar una y otra vez. Hoy ha llamado Olga. Dicen que va a llover a mares (no amares porque el amor no llueve nunca ni acontece...te espera a la vuelta de una esquina, te hace una zancadilla y te deja boqueando y aterida aunque una lleve treinta y cinco amuletos.) Tengo piernas extensas y delgadas y una cintura tan estrecha que se atrapa entre dos manos. A veces me río buenamente; pero de pronto abro un abismo y me sumerjo en mí misma para irme tan lejos como me sea posible. Mañana no cenaré en casa y la noche será verde y mojada y olerá a comida. Tres días pueden ser una vida.

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