viernes, 28 de agosto de 2009

La muerta

Si dejo de escribir, se me secará el corazón y se me llenará la piel lisa de verrugas de sapo.
Si dejo de escribir, se me saltarán los ojos y los cabellos se me caerán de a mechones hasta quedar pelada.
Si dejo de escribir, me arderá la médula hasta hacerse una ceniza pastosa y oscura que olerá a barro putrefacto.
En vez de manos tendré abrojos y se me quemará la boca como si fuera ácido y no podré besar ni hablar ni beber siquiera agua.
Me volveré un pellejo hueco en que repicará el responso sus campanas de muerte.
Hablaré -o creeré que lo hago- pero estaré vacía de sustancia.
Seré materia inerte, inmóvil, llena de espejos que no reflejen otra cosa que no fuere un silencio de sepulcro y de frío-
Si dejo de escribir, no podré respirar, me ahogaré en la calle cuando intente cruzarla como si fuera agua, un mar de asfalto derretido y espeso.
Si dejo de escribir, no tendré sangre ni venas ni arterias y el oxígeno me dejará un agujero cavado en el medio del cuerpo.
Si dejo de escribir, es que me habré ya muerto.
Sépanlo.

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