jueves, 27 de agosto de 2009

Pienso en mi padre

Papá, hoy pienso en vos. Pienso en tus ojos claros y en tus manos. Pienso en tu amor y lo toco como una piedra que brilla siempre en medio de la oscuridad profunda. Papá, la melancolía era una manta negra a la que te entregaste y te dejaste mecer por ella en medio del silencio que conlleva la muerte. No sé bien qué pensabas de las cosas, a veces se me escapan los motivos y te sumerjo en el agua de mi propia bondad para cuidarte como si fueras un niño pequeño al que debo proteger de las dentelladas de una serpiente que suele querer devorarnos: a vos, a mí, de preferencia. Te imagino entrando en esa clínica de Palermo mientras afuera el frío rugía como una Erinia desatada. Trato de construir la escena del perdón que se desmoronaba en su cáscara vacía y la entrega del sacrificio propiciatorio. Papá, hoy pienso en vos. Me sucede a menudo. Allá, en Marsella, a orillas del mar, mientras cenábamos en un barcito sobre la arena, nosotros te invocábamos y yo intentaba transmitirle a tu hijo menor un recuerdo tuyo del que carece: el del padre que dice y esas frases fueron colgándose del hilo del atardecer y el sol que se hundía en el Mediterráneo para que Pablo te supiera, te recordara, te hiciera suyo de grande. Papá, yo tengo tu memoria y la riego para que nunca me abandone, para que sepas que te sigo queriendo y te pienso.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...