domingo, 30 de agosto de 2009

Rumbo al sur


La maleta me mira desde el piso, mientras yo leo, en mi cama blanca, que había dicho Virginia Woolf que, en el día del Juicio, Dios nos verá con los libros bajo los brazos y le dirá a Pedro que no necesitamos recompensa porque ya la hemos tenido en la Tierra: nosotros, los lectores (Allá, yo tenía una enramada profunda de rosas mosquetas donde me sentaba a leer mientras el verano pasaba caliente junto a mi refugio umbrío). La maleta rosada que, en Jerez, me dio Olga está llena y pronta para viajar otra vez: ha cruzado hace un mes el Océano y ahora se dispone a atravesar el desierto sacudida por ráfagas de viento furibundo y sangriento para llegar a ahogar su desesperanza en lagos de agua cristalina donde se mojó mi cuerpo de adolescente ya inexistente. Otra vez voy rumbo al sur, a seguir buscando un pasado que fue feliz porque tenía amancays doblados con la brisa, caballos para andar por la montaña, fuentes rebosantes de frambuesas compradas a Miss Kathy, a mi padre con su polera marrón y la risa de mis hermanos en el refugio del López cuando la temporada se iniciaba con un rito que nos unía ascendiendo y jugando en una olla de nieve. En el sur tengo alas que se despliegan y los ojos me reverdecen de tanto soñar. En el sur creo que la vida es una hoguera que entibia mi alma fría y me llena de aromas y de sonidos. En el sur mi corazón canta cada vez como si fuera siempre, como si el tiempo se disolviera y esperara en un frasco que todos retornemos a hallar los lugares donde aprendimos a vivir. En el sur soy yo, la que fui todos los días, la que se sabe entera, la que se extiende al sol, la que llora y se ríe, la que ama, la que sufre, la que lee, la que baila, la que huele la tierra y aspira el viento, la que siente la lluvia caer sobre la cara, la que grita, la que es frágil y necesita que la protejan, la que es fuerte y acuna, la que comprende, la que es intolerante, la paciente, la que urge a la prisa. En el sur mi maleta se abre y deja salir la pena y la alegría porque todo pasa y se atesora la memoria.

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