Volar de fiebre

Le dije que quería ser liviana.
Me miró, se río y dijo: ¿Más?
No, no estoy hablando del cuerpo. Yo digo...
El cuerpo sos vos, interrumpió. ¿O vamos a hacer una disección anacrónica?
No, claro, pensé.
¿Entonces?, agregó.
Nada, insistí empecinada. Yo digo ser más feliz, así, sin que nada me importe demasiado, sin...
Sin darle tanta vuelta, volvió a interrumpir.
Eso, cerré.
O sea que vos querés dejar de ser vos.
No, me defendí.
Dejar de pensar, ser menos analítica, un poco impulsiva e irracional..., empezó a enumerar.
No, eso no. Ser más liviana.
Y atarte el tobillo para no salir volando cual cometa al primer ventarrón que se desate. El cuerpo...
Sí, ya sé. Mi fragilidad corporal.
Tu fragilidad, sintetizó. Un cristalito a punto de quebrarse si no se lo trata con cuidado.
Me quedé callada y pensé en mi cintura que cabe entre dos manos, en mis cláviculas de donde podrían crecer dos alas y ayudarme a volar.
¿Vos querés volar, no?, dijo adivinándome el pensamiento.
Algo así, susurré.
No lo necesitás. Vos volás.
Sí, de fiebre, ironicé.
De fiebre, si querés. Pero volás.

Comentarios

Lucía Elisavetsky Campos ha dicho que…
te quiero, jujuli. Te quiero mucho.

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