viernes, 28 de agosto de 2009

Volar de fiebre

Le dije que quería ser liviana.
Me miró, se río y dijo: ¿Más?
No, no estoy hablando del cuerpo. Yo digo...
El cuerpo sos vos, interrumpió. ¿O vamos a hacer una disección anacrónica?
No, claro, pensé.
¿Entonces?, agregó.
Nada, insistí empecinada. Yo digo ser más feliz, así, sin que nada me importe demasiado, sin...
Sin darle tanta vuelta, volvió a interrumpir.
Eso, cerré.
O sea que vos querés dejar de ser vos.
No, me defendí.
Dejar de pensar, ser menos analítica, un poco impulsiva e irracional..., empezó a enumerar.
No, eso no. Ser más liviana.
Y atarte el tobillo para no salir volando cual cometa al primer ventarrón que se desate. El cuerpo...
Sí, ya sé. Mi fragilidad corporal.
Tu fragilidad, sintetizó. Un cristalito a punto de quebrarse si no se lo trata con cuidado.
Me quedé callada y pensé en mi cintura que cabe entre dos manos, en mis cláviculas de donde podrían crecer dos alas y ayudarme a volar.
¿Vos querés volar, no?, dijo adivinándome el pensamiento.
Algo así, susurré.
No lo necesitás. Vos volás.
Sí, de fiebre, ironicé.
De fiebre, si querés. Pero volás.

1 comentario:

Lucía Elisavetsky Campos dijo...

te quiero, jujuli. Te quiero mucho.

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