martes, 8 de septiembre de 2009

Árido

Él se decía árido y estepario y era un aljibe lleno de agua fresca en una tarde violenta de verano, era un arroyo corriendo entre las piedras secas por el sol de febrero, era un río que baja de la nieve a la tierra de los valles, era un ancho estuario después de una corriente torrentosa, era un delta de islas numerosas y verdes, era un sistema hidrográfico con diez mil afluentes, era un mar de profundísimos azules con arrecifes de coral entre los que nadaban peces de insólitos colores, era un océano entre dos orillas alejadas y próximas que surcaban vapores con las luces prendidas y música de violines y pianos. Y él era, además, un vaso para calmar la sed y acrecentarla hasta hacerla infinita y era el húmedo aroma que dejaban sus peces en mi vientre…y se decía árido, vacío, estepario, desierto. Él era lluvia sobre la tierra fértil, era tenue garúa y un feroz aguacero, era un diluvio de dimensiones bíblicas para mi corazón deseante y era el amor mojado sobre mi cuerpo líquido

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