domingo, 6 de septiembre de 2009

Ausencia

Me sumerjo en la red de palabras que me enviás y nado desnuda bajo las aguas frías del lago hasta llegar a esa orilla donde estás esperando que regrese a tus brazos otra vez. No hay noches más largas, no hay días más inmensos, no hay mañana que esté más alejado que este que paso ahora, tan ausente de vos. Cada mañana que amanece y el viento patagónico sacude la ventana, me bordean tus palabras y me anuncian lo que debo hacer para sobrevivir. Hundo mi boca en tu copa para beber tus perfumes de maderas de Francia y el aroma perfecto del cielo azul de México una vez. Quiero ser un ovillo azul enredado en tus dedos y ver tu corazón brillando en la oscuridad de mis párpados, que me hagas las tostadas mientras yo hablo y vos sigas mis relatos buscándome en las páginas afiebradas que suelo mencionar. Llevo tu alma adentro de mi cuerpo y vos llevás mis ojos en los tuyos para poder mirar. La sed es una sed que crece si bebemos y la extensión es nuestro mal menor. De todos los pasados en que sobrevivimos, podemos recortarnos con las manos y darnos el cobijo que calme por un instante todas las agudezas del dolor. Dicen algunos que eso se llama amor.

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