viernes, 11 de septiembre de 2009

El collar de colores

Blancas, marrones, azules, rojas, amarillas, verdes, violetas...
las cuentas se suceden como gotas de color en mi collar.
Desde Brasil -adonde él se fue a hablar de anticuerpos envuelto en una fiebre que lo acosaba y a la que dio batalla con una marea furiosa de antibióticos violentos- me trajo un larguísimo collar que canta con colorcitos en mi cuello delgado de sirena antigua.
Cierro los ojos y lo imagino caminando por la costa de Buzios entre miles de puestos donde mulatas enhebran cuentas coloridas en sus manos oscuras y eligiendo la sucesión de semillas para enredar en mi cuello a la par de sus besos.
Cierro los ojos y lo recuerdo poniendo el collar en mis manos como si fueran gotas de agua de color en mi piel que duerme pegada a la de él en la larga o corta noche que nos envuelve.
Me gustan los regalos de los viajes: los que hago, los que me dan.
Me gustan porque pienso en el instante en que el pensamiento se detiene en medio de la maravilla de un paisaje, o en el devenir de una charla, piensa en el otro que está ausente, que está lejos, que quedó en otro sitio y el pensamiento lo trae, lo instala en el sitio en que estamos, lo hace ver con nuestros ojos lo que vemos, oír lo que oímos, sentir lo que sentimos.
Y el objeto elegido vuelve con un mensaje: Pensé en vos, te busqué en ese sitio en que no estabas, te quise allí y tu ausencia fue una presencia que está en esto que te traje.
Ahora, cuando él venga y me abrace después de mi viaje, cuando él me devuelva mis besos y yo le dé ese único que me dio para que durmiese conmigo, yo le daré su regalo en una caja amarilla donde escribí cada sentimiento que creció en su ausencia, que brotó de mi boca y fue a germinar en la suya.
Y ese objeto que supe que era para él le dirá lo que vi, lo que deseé, lo que quise mientras yo estaba lejos y lo quería como si fuera siempre.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...