martes, 22 de septiembre de 2009

Germinación


Crecés como una nueva planta adentro mío: brote a brote.
Vas abriendo tus raíces entre la tierra negra que me forma y te instalás a beber mis humores.
Estás tan bello desplegando tus tallos entre los huecos por donde va la luz a llenarme de aromas.
Tus hojas son tan verdes, tan suaves, tan tempranas y ocupan el borde de mis ojos, de mi boca, de mis manos.
Mi estómago se llena de menudas mariposas azules que revolean inquietas por ver la floración que augurás en mi piel de mañana primera.
Miles de insectos se desperezan y trepan por mis brazos dibujando tus pasos en medio de mi cuerpo: hormigas, ciempiés, moscas de alas traslúcidas, orugas turquesas y dos o tres cascarudos de coraza plateada.
Una brisa de vuelcos veraniegos mueve las frondosidades con que anegás mi sangre que corre, ya clorofílica, en mis venas: desde mi corazón hacia sitios lejanos y perdidos en el tiempo: desde siempre raíces, tallos, hojas, lluvia en el bosque, en la selva, en los parques y húmedos jardines, olor a tierra removida en otoño, hojas caídas en pos de otras nuevas y una flor roja brotando en mi saliva con tus besos de planta bellamente invasora.
Estaba yo durmiendo y amanecí en medio de una selva tropical y cerrada.
Y te quise como si no tuviera más bioma en que hallarme que no fuera tus abrazos de hombre.


2 comentarios:

Lucía Elisavetsky Campos dijo...

Qué linda que soooos!

Anónimo dijo...

Debo confesar que me produce cierta envidia tanta belleza vegetal. Coincido con Lucía: ¡Qué linda sos! ¡Y qué fortuna la del germinado!
Ya te voy a alcanzar el libro que te prometí.
Daniel L.

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