sábado, 12 de septiembre de 2009

La boda de Moni

Sólo vos, Volonteri, sabés cuánto me hubiera gustado estar ahí con vos.



Moni fue a su tercera boda con un vestido liviano como el mar del Caribe. Seguro que tenía peces adheridos y estrellas saladas y era transparente como sus ojos claros que ya no ven como antes, sino mucho más.
Moni fue a su nueva boda como la novia que siempre quiso ser: guisando en una olla de barro su poderoso deseo de vivir.
En la oficina de la jueza, la esperaba un novio que habla en el francés que se dice en Santo Domingo y tiene los ojos y la boca cargados de poemas; y le llevaban un velo inexistente de corales y nácar sus tres hijas: Milena, Micaela y Mía -tan chiquita que todavía no puede sentir la emoción que hace volar el corazón de su mamá.
Esa noche, cuando todos regresaron a casa, Manuel tendió a Moni en su cama y entre las olas marinas de la ternura se rehizo la virginidad.

3 comentarios:

Lucía Elisavetsky Campos dijo...

felicitaciones, moni! :)
te adoro, jujuliii.

Mónica Volonteri dijo...

Después que se me quiten las lágrimas respiraré y te diré que este es un regalo hermoso y repleto de todos los buenos deseos que nos hemos deseado por todos estos años. Te quiero.
Mónica

Julieta Pinasco dijo...

Monica:
Cuando el sol de la terraza de una incipiente primavera evapore las mía, te diré que te quiero, que te extraño y que sos la otra mitad de mi cuerpo, de mi corazón y mi cabeza y que gran parte de lo que yo soy hoy es gracias a que en un marzo que se resistía a dejar de ser verano, hace veinte años vos y yo tuvimos la enorme fortuna de cruzar nuestras palabras y vernos por siempre jamás.

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