lunes, 14 de septiembre de 2009

Peces de colores


Yo lo estaba esperando en medio de la noche en que él venía y había preparado pescado en una sartén profunda de hierro para que cenásemos en el filo del fin de una larga semana. Y entonces, cuando llegó, él sumergió la mano en su bolsillo y sacó un pez de colores para mí: naranja, amarillo y púrpura nadó hacia mi heladera para vivir debajo de un sol brillante que traje del Caribe amistoso. Mi cocina se transformó en una pecera marítima y azul donde él y yo nos comenzamos a besar con gusto a sol y sal y yodo entre las manos. En sus brazos apenas pude moverme y en ellos me dejé atravesar por su luz. Le susurré palabras con estrellas y corales que salían del centro de mi carne hecha de espuma mientras bebí el agua inmensa de su saliva en medio de su boca. En la cocina, el pez nadó con su cola en las tres Gracias de Rubens y la cabeza buscando los pechos de la Libertad de Delacroix. De su boca salían burbujitas que eran retazos del Palais des Papes de Avignon. Hoy cuando regresé el pez seguía feliz en las aguas profundas de mi cocina y yo fui una sirena verde en las olas de su voz que reía sólo para mí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡¡¡¡Cómo me gusta ese estado de felicidad!!!!! Sólo quiero leerte en este tono...

Adriana

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