lunes, 28 de septiembre de 2009

Sin compañía


Buenos Aires
Viernes 25 de septiembre

2009

No puedo acompañarte, dice...No puedo, me dice ella a mí.
Y yo siento que la soledad me rodea como una rosa estéril en la que naufrago.
Mi corazón de pájaro inquieto tirita en el espacio hondo donde todo lo siento.
Me atraviesan los vientos de lado a lado y ella queda en otro sitio que no es el que yo voy desplegando.
Siempre sucede igual:
tanta tormenta me moja como una selva de perfumes salvajes
y no encuentro quién comprenda el vendaval de pétalos que cae sobre mi piel en las noches de una fría primavera hecha más de lluvias que de soles partidos.
En mis pupilas se esconden los aleteos de mis brazos, el salir por arriba del viejo Marechal, el escozor del cerebro que habla en otro músculo y deja correr los líquidos azules de mi cuerpo.
De frente estoy ante otros fragmentos y no podés acompañarme.
Pero en la imposibilidad puedo encontrarte y sentir que todo lo que hemos dicho está allí, al resguardo, aunque yo llore de ternura y de pena.
Si vos pudieras saber cuánta blancura porta la luna en las noches y cuánta todavía la que yo imagino en la tibieza de mi alma: ríos de talco blanco aunque vos digas que nada te importa demasiado, que todo te da igual y te escondas de mis requerimientos oculta allí para que no te lleve la correntada que me arrastra y me obliga a nadar, siempre nadar.
He abierto una antigua compuerta y vuelo sola para llegar al cielo.

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