Sopa


El mundo -el mío, al menos- es un plato tambaleante y lleno hasta el borde de sopa. No deja de moverse la mesa en la que intento apoyarlo y el líquido se acerca peligrosamente a uno u otro borde. Trato de equilibrarlo, pero es inútil. Siempre algo, siempre alguien me hace trastabillar. Hasta esta madrugada no se me ha derramado una gota, pero veremos qué sucede de aquí en más.

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