Yo sé latín

Desde chiquitita me sentaron a practicar cómo declinar con certeza sustantivos de la primera. Después avancé con los neutros y masculinos de la segunda hasta llegar a la tercera y el misterioso universo de parisílabos e imparisílabos con sus falsos correspondientes. En un dos por tres acabé con la cuarta de tema en u y la quinta en e. Aprendí verbos de tema en "a", en "e", la tercera, la tercera mixta que ahora llaman quinta y la cuarta conjugación. Pronombres, adverbios, completivas de infinitivo, ablativos absolutos, gerundivos y vaya dios a saber qué se me pierde en la memoria... Leí a Iulius Caesar, a Suetonio, a Petronio, a Virgilio y al adorado Catulo junto con Cicerón. Un poco de Séneca, otro tanto de Lucrecio, Ovidio y Plauto y después llegué a Pompeya y me introduje en las piedras del prostíbulo, en los enormes falos dibujados en la pared y me pregunté por qué nadie me enseñó el lenguaje de las tabernas, los gritos de las calles, los alaridos latinos del amor.

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