viernes, 2 de octubre de 2009

Amanecer

Matinal el silencio se puebla de pájaros.
El ceibo tiene gotas de sangre entre sus ramas que han de haber quedado colgadas de días anteriores: este recién comienza y no tuvo tiempo aún de estrenar su cuota de angustias y agonías.
La luz del sol es una fragancia insinuada en los vidrios velados del patio.
Yo, mientras tanto, mientras el día adquiere carnadura, se hace dura sustancia, se llena de bordes y figuras, organizo las cosas: almuerzos en envases de plástico para que todos lleven, la ropa que quedó durmiendo en la terraza, desayunos, duchas veloces y sincronizadas, comida para el gato, un café extra para que alguien se despierte definitivamente, papeles, libros, mochilas...
Y el aire está frío como si no supiera nunca de calendarios y deseos.
Entonces me detiene, me atrapa la cintura con sus manos de hombre, su tibieza dormida y todo recomienza para hacerse otro ovillo de cuerpos, de perfumes, de voces susurradas al oído, de palabras tan vagas que son sólo palabras sin dirección que no sea perderse para siempre en el sol que ya se sabe alto y dueño de todo lo que haya para ver.
Y veo...porque de eso se trata despertar en octubre.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...