Cárcel

No voy a decir nada más: las palabras son puñales perversos que vuelan por el aire y se hunden para siempre en la carne. Nada las puede quitar. Y yo, querido amigo, sufro de la peor de las adicciones: la de decir. En estos días debo pulir mi voluntad como si fuera un cristal frágil porque estoy enferma de tanta locuacidad. He construido un escudo y ofrezco resistencia al viento y, ya sabemos, él siempre se sabe colar por las rendijas. Un texto son espacios en negro y blanco, jamás una muralla de color. ¿Dónde quedé? ¿Dónde quedaron mis días de julio?¿Dónde quedó mi transparencia y atravesabilidad? Encarcelada en mis propios vocablos: ahí estoy.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Que pasa corazon,no quiero leerte así,,tus dias de julio estan ahí y tienes todavia mucho que hacer.

Jaima.
Anónimo ha dicho que…
Eso de jaima es Jaime

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