jueves, 8 de octubre de 2009

Material girl

La materia huele, pesa y se transforma. No puede detenerse el tiempo en la celda éterea de una palabra y el vacío es un vértigo, una vorágine que me devora y a la que me entrego, angustiada, para que algo alguna vez cobre cuerpo y se detenga en mí y cese de mutar. Estéril pretensión en la que desfallezco pues todo está teñido de mundanza. Vago entre hombres huecos de paja que no tienen ya nada que comunicar, vacíos como están de pensamientos y perfumes. La materia pesa, es un agobio espeso que sobrellevar. De hueco en hueco pululan mis neuronas esporuladas y no desean ya ni ser rozadas. No podrían tolerar tanto dolor y luego el vacío orillado en silencio, en palabras que mueren en el borde de la boca porque no se atreven a nacer. Y entre lo no pensado, lo no rozado, lo no dicho nos morimos de soledad y desolación. El desasosiego inunda la honda cavidad de mi alma que se hace agua que nadie desearía beber. Estoy fatalmente condenada al desencuentro y a la imposibilidad del amor. Debería aceptar que así han sido las cosas para mí y empezar a vivir. El resto es humo en el aire, cuerpos que se acoplan a la espera de una frontera donde recalar; pero no hay nunca límite para el vacío que me devora con su vorágine de espinas a las que intento resistir de frente al sol. Todos los espasmos son copas que se vuelcan sobre el mantel: nada más.

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