lunes, 12 de octubre de 2009

Aparato digestivo

Me voy a comer mi corazón.
A masticarlo lenta para que dure un rato entre mis dientes.
A mojarlo en saliva y pasarlo feroz sobre mi lengua para después verlo caer pesado y amansado en el fondo de mi estómago hecho un lecho de células molidas.
Y así, sin corazón, andaré por la vida: mucho mejor, más segura, más fuerte, más entera.
Y con el corazón se irán todos mis miedos por las cloacas donde me olvidaré de todo y todos.
Y volveré a mirar otra vez hacia arriba.

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