lunes, 12 de octubre de 2009

No sé qué viene ahora

Para vos, M.L., porque no sé nada.

Quiero escribir que tu boca es una ruta de saliva que dibuja mi cuerpo con aleteos furiosos.
Quiero escribir que tu piel es un roce que llama a los animales salvajes del deseo.
Y me quedo pensando en el paquete de galletitas del hombre proveedor, en el mate, en el queso empetrolado, en el topo y la excursión a los indios ranqueles, en el perro y el gato, en el cepillo de dientes amarillo, en el piso del cine, en la conversación que me debías y me diste, en el partido de Estudiantes por Vélez, en tu risa -siempre tu risa-, en mi libro leído por tus ojos, en mis suspiros que no son maternales, en mi sexo que no es antisemita, en la ducha, en tu nombre, en tus miedos, en los míos.
Y no sé cómo seguir.
Y me detengo.
Y me quedo pensando al borde de un día más que se acaba.
Y no sé cómo seguir mientras el sol me arde en la espalda que tocaste.
Y desearía que no hubieras hablado, que te hubieras quedado allí donde estabas, que no hubiera habido un fin de semana como este, que yo no hubiera dormido en tu casa -extranjera y extraña-, que no hubieras escrito que la pasamos lindo juntos, que no hubieras dicho nuestra mañana.
Y no sé...no sé qué viene ahora.

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