jueves, 15 de octubre de 2009

Partida

Al pie del andén. En el borde. Parada apenas sobre las puntas de los pies. El próximo tren sale en veinte minutos. No quiero saber adónde va. Debo tomarlo. Debo perderme. Debo salir hacia alguna parte. Que un tren me lleve. Porque las vías se cruzan y descruzan y debo ir. Unas palomas se levantan en medio de los vapores y del humo. Vuelan como gotas pesadas para volver a posarse cerca de mi cabeza. No tengo ni equipaje. Sólo una inquietud corroyéndome la nuca. Arrojé el teléfono a un cesto justo en la ventanilla de venta de pasajes. Dije: deme uno de larga distancia ida . El primero que salga. Y me dieron un papel amarillo. Entonces tiré el celular. No lo iba a necesitar. La gente se arremolina en un torbellino que viene y va. No hay sentido. Ninguno. Sólo mi cerebro fatigado trata de ordenar la secuencia para que sea significativa y real. El tren se acerca y ha comenzado a llover.

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