lunes, 5 de octubre de 2009

Sentidos


Me decís que huelo a caramelo, pero no al de los kioscos sino al que se hace con azúcar sobre el fuego; que mis pliegues tienen perfume a limón verde; que mis ojos son praderas de musgos. Me decís que sé a montañas y agua que se viene cayendo desde el cielo; que en mis cabellos llueve el sol cada mañana y que mi piel tiene suavidades de médano. Me decís que soy extensa como lavandas vueltas en el viento y que en mi boca cantan profundas avenidas; que no tengo brazos sino alas, que mis piernas son lianas que se enredan. Me decís que en mi vientre se puede beber vino y en mis caderas se abraza una tarde de siesta. Me decís que mi espalda está llena de colores pasteles y en mis tobillos danzan cintas de seda. Me decís que mis manos son pequeñas , que mi cuello es larguísimo y mis lóbulos, botones diminutos y rosados. Me decís que te hable porque mi voz se vuelve felinamente ronca, que me deje caer en tu abrazo de hombre. Me decís que soy bella y me inventás mil nombres.
¡A cuántas les dirás las mismas cosas en este exacto instante!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por Dios, qué linda sos.
Alberto

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