miércoles, 28 de octubre de 2009

Sueños

La fiebre es una ola de agua que me lleva. Estoy en Amsterdam y cuelgo unas cosas indescifrables en una pared donde minutos antes he colocado un clavo. Sé que es la ciudad holandesa aunque nada en el sueño me indica la localización. Estoy en un cuarto de ventanas amarillas y alguien toca un violín y yo pienso que es magnífico que una persona que se dedica a resolver complicadas ecuaciones matemáticas toque tan bien el violín. No puedo ver la cara de esa persona, pero sé que sé quién es. Entonces me despierto. Bebo agua porque la temperatura me da sed. Mucha sed. Vuelvo a dormirme. Estoy con vos, en un restaurante a orillas del mar. Sopla la brisa y unos farolitos de colores se mecen con el viento. Es una especie de terraza abierta a un cielo profundo y estrellado, con muchas plantas de perfumes poderosos. Vos y yo cenamos atún a la parrilla. Puedo sentir en la boca la carne densa y el sabor de las hierbas. Vos apoyás tu boca en mi hombro y me hablás. Decís algo con tus labios apoyados en las mariposas de mi derecha. Yo no alcanzo a oír y te pregunto qué dijiste. Te sonreís y aclarás que si apoyo mi oído en las mariposas, voy a saber qué acabás de decir. Es imposible que apoye mi oreja en mi omóplato así que me quedo con el deseo de saber qué dijiste. Justo en ese momento me despierta tu mensaje de texto preguntándome cómo estoy. Es la una de la madrugada. Me levanto y me hago un té.

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