sábado, 3 de octubre de 2009

Tarde de primavera


Recupero el verano como un lengüetazo sobre mi cuerpo y en la lamida del sol vuelve la vida.
Miro el cielo azul y duro como un mosaico sobre mi cabeza
y pasan algunos insectos por debajo del puente de mi cintura.
Hay cinco ciruelas creciendo en mi arbolito de maceta.
El aire entra, cálido y lento, y me dibuja la carne como si fuera fuego suave.
Se me queman los poros, los huesos y, de nuevo, la sangre.
Crecen los tallos, los ojos nuevos, los torrentes de risa, los colores.
Mi piel vuelve a ser la que era en julio en otro continente
y se me alegra el alma que bosteza, se estira, se desliza entre el agua que riega las macetas, la terraza, la escalera y el cielo.
No me importa qué dicen los que estaban hablando.
Nada me importa ahora demasiado.
Me siento un rayo en un mundo soleado.
No quiero que me invadan las palabras.
En el silencio se escuchan los distantes secretos y mi corazón salta en mi pecho abierto.
Me alargo en las baldosas y no pienso.
Ya no pienso.

No hay comentarios:

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...