sábado, 31 de octubre de 2009

Tormenta sabatina

Llueve simplísimamente sobre mi piel.
Me moja el agua.
Pura y fresca me lava con un perfume a limpio, a nuevo, a estrenado.
Se despierta la carne de una siesta profunda y retorna a la vida.
Florecen las semillas de mis poros y serpentean los tallos de alegría.
Permanezco inmóvil debajo del líquido que se derrama en el aire.
Llueve como llovió desde el primer momento.
Y se van las desdichas por la alcantarilla del patio donde termina el mundo y comienza la risa.

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