domingo, 22 de noviembre de 2009

Destinos



Qué hubiera sucedido si aquella tarde en Tánger, cuando tomaba un café cargado en la Kasbah, y vos te habías resistido a que te fotografiara, cuando me hiciste un gesto imperceptible para que te siguiera por ese laberinto interminable, yo, en vez de mover mi cabeza negándome, me hubiera levantado para seguirte, para internarme en las calles angostas, para perderme sin rastro y hoy, cuatro meses después, fuera otra mi historia. El destino deja sueltas miles de hebras y sólo anuda las que decidimos atar. Así de azaroso es lo que leemos como si tuviera una finalidad.

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