lunes, 2 de noviembre de 2009

La mujer agua

Peces alados y sin peso sobre la espuma de un mar de vino y sombra. No hay otra posibilidad que andar encima de las aguas para llegar a la orilla. Mi cuerpo flota mientras los peces vuelan desprendidos de su peso. Soy una gota delgada de moléculas por debajo del sol. Los mismos corpúsculos de luz no me dejan caer. Nado sobre las aguas con los peces enredados en mis rodillas suaves. Soy una sirena con dos piernas que muta de pura felicidad. En mí ha evolucionado la especie femenina con una rara complejidad. En el agua me han crecido dos alas traslúcidas de mariposa y los peces festejan con besos boquiabiertos en mi vientre de sirena. Entran en el nido de mis cabellos para dormir al amparo de mis propios torrentes y se deslizan por mis clavículas hacia mis dedos largos. No sé cómo es la lluvia más allá de las olas cuando las gotas se estrellan contra el agua y mi cuerpo mojado se estremece empapado una vez más. Vos hablás un idioma de tierra: mis peces y yo tratamos lentamente de entender.

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