La otra cara de la luna


Tu boca me encarcela y me deja volar entre tus labios.
Atrapada y extensa, navego entre las aguas de tu cuerpo y las ondas perfectas de tu risa donde me ovillo para escucharte decir que la entropía, que el desorden...
Me pregunto cómo anduvimos cerca, casi rozándonos, sin vernos.
Pero la vida ha tenido la sabiduría de cruzarnos cuando las diferencias abismales dejan de ser un fastidio irritante y se convierten en posibilidad de aprender en la alegría del complemento.
El amanecer nos alcanza susurrando y corremos a levantarnos para salir mojados a una calle que baja hacia otro día donde crece el afuera como si incluso fuera manso.
Te reís y recuerdo cómo bailamos abrazados en la otra cara de la luna.


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