domingo, 20 de diciembre de 2009

Los míos


Soy de las que desearían dormirse el 23 de diciembre y despertarse el 2 de enero con todo limpio y un día más por comenzar. Sin embargo, este año termina y ha sido diferente su transcurrir. Algo está ligándome, dice una canción que escuchábamos hace tiempo atrás y me siento, yo también, cambiando de color.
A mi hijo Pablo con quien construyo diariamente una relación paciente y respetuosa después de tanto tantísimo dolor.
A mi hermano menor Pablo que me mostró que el amor que nos une es inalterable pese a los océanos y los calendarios.
A mi hermano Mariano a quien no veo mucho, pero quiero con todas las dificultades de la relación.
A mi sobrina Maïa porque elle est gentile et belle y "calmate vos que se pudgre el rancho".
A mis sobrinos Luca y Miranda a los que extraño mucho más cuando me llaman para preguntar cuándo voy a ir.
A Manette y Lou porque son parte de mi familia desde julio y hasta siempre jamás.
A Mariano que me obliga a entender que hay otras maneras de nombrar las cosas y me sumerge en la más absoluta de mis profundidades mientras se ríe con la risa más maravillosa que yo haya conocido jamás. A él que me ofrece una forma de amar que yo supe desconocer.
A Olga que me dio y me da una confianza que se basa en la entrega del corazón que pone por excusa alguna lejana sangre compartida para ocultar la hermandad de la emoción.
A Majo que me oye, me abraza, me alienta en cualquier ocasión.
A Adri que está para preguntarme siempre cómo estoy.
A Jim que hace siete años me acompaña y del alumno imposible que era se ha transformado en el hijo que parí a través de largas disertaciones semióticas entre mates, pizzas y confidencias al atardecer.
A Lululi que, desde México y a través del tiempo, mantiene un vínculo nacido del más puro amor.
A Dani, por ayudarme a entender que las panteras deben enseñarle a los bambis cómo es este asunto de la selva del placer.
A mis amigas Cecilia y Alejandra, de quienes quizá no esté tan cerca hoy, pero ya vamos a volver.
A Fer, que es el espejo que me devuelve una imagen mejorada de lo que soy.
A Moni y sus cuatro Emes porque, aunque estemos lejos, el alma viaja distancias siderales para llegar hasta el Caribe y estrecharla entre los brazos mientras ella alimenta a su hija menor.
A mi vecina que me regala la enredadera que tapiza las paredes de mi casa.
A mis alumnos que me muestran que, pese a todo y siempre, mi interior es blando y dulce y con esa Julieta se vinculan, a esa eligen y me hacen sentir que soy una persona mucho mejor de lo que creo que soy.
A Martín que se va dejándome en otra orfandad más.
A mi padre que no está, pero habita el fondo de mis pupilas cada vez más.

A todos, todos les deseo que el año 20/10 les traiga lo que desean en las exactas proporciones en que los haga felices.
Sepan, todos ustedes, que lo que soy, lo que siento, lo que pienso, lo que hago se los debo en una enorme proporción.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Comparto con vos ese deseo de dormirme el 23 y despertarme el 2, pero en la playa; quizás algún día se me cumpla el deseo de estar en la playa desde el 23. Las fiestas me traen a la memoria a los que no están y quisiera abrazar una vez más, tapo esa ausencia con regalos para todos los que pasan la noche del 24 en mi casa y disfruto viéndolos abrirlos, pero no logro terminar la noche sin que se me empañen los ojos...Te quiero Juli, un abrazo y que Papá Noel te llene de regalos JOJOJO.....

Adriana

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